Sábado, 13 de agosto de 2005
FERNANDO HERRERA/ LA OPINIÓN DE GRANADA
Se cumplen este año tres décadas del asesinato del escritor y cineasta italiano, uno de los creadores más lúcidos y controvertidos del siglo XX. Su amplia obra revela una crisis, un desgarro personal y social, un intento desesperado por salvar al arte del nihilismo de la Modernidad
El movimiento del pensar es, en su más íntima verdad, la respuesta a una llamada, a una inefable inquietud. Por desgracia, con el discurrir de la Modernidad y la naturalización del mundo de la vida, el arte se ha convertido en un medio de satisfacción inmediata. Ser "artista" se ha convertido en una función social más, en un programa matemático de retribuciones, en un juego de diletantes. A pesar de todo, hay quienes se han resistido a la muerte del arte en la sociedad del interés, de la transacción económica. En esa encrucijada se encontró Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Roma, 1975), de cuyo asesinato, envuelto en el misterio, se cumplen el próximo 2 de noviembre 30 años.
Su figura es altamente reveladora. Su experiencia estética justifica que se lo traiga a la memoria y se piense y divulgue su legado. Entre su vida y su obra se halla el hundimiento de un tiempo conflictivo y el nacimiento de un tiempo infernal. Pasolini fue un artista desgarrado.
En su caso, lo moderno es identificado con la incorporación de Italia, en 1957, al Mercado Común Europeo. El período que va de 1957 a 1972 significó para los italianos la "modernización" definitiva, el total desvanecimiento de la política como posibilidad real de cambio. El mundo campesino era dejado atrás. Pasolini supo ver como pocos que tras la maquinaria civilizatoria había una idea determinada y cerrada de la vida, fundada sobre los supuestos de la Modernidad y el capitalismo.
Pero el creador no se consideró fuera del problema. No se vio como un mero espectador privilegiado: padeció la contradicción de habitar y crear en semejante mundo, lo cual hace de su obra un canto a la honestidad.
La obra pasoliniana es una desesperada respuesta a la destrucción de la vida, al carácter suicida de lo moderno, al violento ideal del progreso. En su itinerario podemos ver diversas fases que exponen un estado que transciende lo subjetivo, alzándose su mirada hacia la amplia perspectiva de la historia. En él hay, como se ha dicho, una búsqueda del mal. Pero la alienación no es buscada sólo en la sociedad, sino también dentro del arte.
Los primeros pasos creativos de Pasolini se dieron de mano de la poesía. De niño, su madre ya le leía poemas. En un primer momento, escribe poemas en friulano, lengua que aprendió de su madre y por haber vivido años de su infancia y adolescencia en Casarsa, pueblo natal de su familia materna. Aquí el destello romántico salta a la luz. Pero también la dimensión política, en tanto la Italia fascista negaba la existencia de otras lenguas que no fueran el italiano "imperial". Pasolini piensa en la "patria friulana". De este período es ´Poesie a Casarsa´ (1942), luego ampliado como ´La meglio gioventù´ (1954).
Tras el ciclo friulano Pasolini marcha a Roma, en 1949. Deja Casarsa al ser injustamente acusado de corrupción de menores. En Roma se encuentra con el mundo sottoproletario (subproletario), con las borgate (barrios de chabolas). Habita en la periferia. Trabaja apenas, sufre penurias económicas. El mundo de la pobreza que frecuenta al inicio de su andadura romana se instala en el corazón de Pasolini y lo llevará a estudiar la jerga romana a fin de escribir novelas y guiones de temática popular. Se trata de una continuación de su búsqueda del friulano como lengua redentora.
Escribe las novelas ´Ragazzi di vita´ (1955) y ´Una vita violenta´ (1959). Comienza a trabajar como guionista. Entre otros, colabora con Fellini y Bolognini, lo cual le lleva a interesarse seriamente por el cine. ´Accattone´ (1961) y ´Mamma Roma´ (1962) serán sus dos primeras y magistrales películas, a las que seguirán, en su primera fase, ´La Ricotta´ (1963), ´El Evangelio según Mateo´ (1964) y ´Pajaritos y pajarracos´ (1966). Se trata de un momento vivido como esperanza en el mundo proletario, aunque ya empieza a vislumbrarse el signo trágico y sin vuelta atrás de la historia moderna.
´El Evangelio´ merece un lugar aparte, pues se desgaja de lo político trascendiéndolo. La religiosidad de Pasolini responde a su fe en cierto "cristianismo primitivo". También la presentación de Cristo, actualizado a un presente políticamente estancado. Pasolini hace hincapié en el ´Sermón de la Montaña´, donde Cristo condena con rabia la riqueza y la identidad humana. Escribirá: "Hay que exponerse, (¿eso nos enseña / el pobre Cristo clavado?)". Pasolini sabe que el cristianismo es ante todo opción vital por el pobre. Para él, el compromiso político no ha lugar más allá de la fe. Los poemarios más logrados de este momento son ´Las cenizas de Gramsci´ (1957), ´La religión de mi tiempo´ (1961) y ´Poesía en forma de rosa´ (1964). En ellos se ve su creciente desesperación.
Uno de los temas más interesantes abordados por Pasolini fue el de pensar las posibilidades expresivas del cine. De ello trata un ensayo, ´El cine de poesía´. Sin duda, el texto estaba inspirado en el anhelo de liberaral cine de su origen burgués. Para ello ha recurrido a desdibujar la estructura clásica del cine, desplazando la narración tradicional hacia una total concentración en el plano subjetivo y la intromisión de signos metacinematográficos. Lo cual le permite un mayor grado de realismo, por momentos cercano al documental, al documento testimonial. Ello se hace patente, en sus primeras películas, con la inclusión del "rostro del pobre" como vía ético-escatológica, destructiva de la representación cinematográfica burguesa. El rostro del pobre es el "lugar" redentor, ocultado por el cine burgués de entretenimiento, por el cine europeo pseudointelectual. La escena de los endemoniados, en ´El Evangelio´, o las localizaciones chabolescas de Accattone hablan por sí solas.
La crisis se agudiza. Piensa en Sócrates como el primer "gran rabioso" de Occidente. Pasolini empieza a ver que su cine político es masivamente consumido por la burguesía italiana. Ante ello, decide cambiar de estrategia. Se entrega a una estética más refinada, abiertamente minoritaria. A este período, quizá inferior, más mítico-simbólico que político, pertenecen ´Edipo Rey´ (1967), ´Teorema´, que originalmente fue una novela (1968), ´Pocilga´ (1969) y ´Medea´ (1970). En sus poemas, Pasolini se declara en quiebra moral. ´Trashumanar y organizar´ (1971) da cuenta de ello.
Como fin de su período mítico, Pasolini decide componer la denominada ´Trilogía de la vida´, que comprende ´El Decamerón´ (1971), ´Los cuentos de Canterbury´ ( 1972) y ´Las flores de las mil y una noches´ (1974). Las tres películas responden a la misma motivación: negar el presente trasladándose a momentos míticos de la historia donde las relaciones entre las personas permanecían en un estado de pureza ideal, donde la sexualidad permanecía en el alba de la ingenuidad. Pasolini se mostró abiertamente crítico con la revolución sexual de los años 60. Llegó a decir, no sin razón, que los jóvenes habían pasado de la represión sexual a la idiotez y el consumo desenfrenado e inmoral de los cuerpos (en paralelo a la sociedad de mercado). Llegó a afirmar que los cuerpos de los jóvenes estaban "podridos", destinados a una infelicidad y enfermedad perennes. No obstante, Pasolini abjuró de tal "escapismo". En un texto, ´Abjuración de la Trilogía de la vida´, reniega con violencia de sus planteamientos.
La materialización de la abjura, testamento de Pasolini, es ´Salò o las 120 jornadas de Sodoma´(1975). La película está localizada en los últimos días del fascismo, cuando Mussolini intenta crear una República y salvarse. En la obra, cuatro dirigentes realizan las mayores atrocidades sexuales con un grupo de jóvenes que, en ciertos casos, acceden complacientemente. Los dirigentes fascistas son unos estetas. La mansión en la que se desarrollan los hechos está perfectamente decorada con cuadros vanguardistas. Se habla de Baudelaire, de Nietzsche. La crítica al arte como encubrimiento del reaccionarismo más atroz es palpable. Pasolini sabe que el arte también ha fracasado, y que debe, como en ´Salò´, inmolarse si quiere mantenerse en el sentido. Así, Pasolini traslada con maestría el fascismo a la sociedad de mercado italiana.Nos dice que las relaciones interpersonales han caído en la locura del consumo y su "fruición hipnótica"; que la Modernidad hace de los hombres meras mercancías. ´Salò´ es una metáfora del presente. Pero el escepticismo de Pasolini, a punto de enmudecer, no cae en el nihilismo. Un paso más era posible.
Su esperanza recaía sobre una futura ´Trilogía de la muerte´, obra que no llegó a terminar, pues fue asesinado en el mismo año del estreno de ´Saló´. El asesinato de Pasolini es todavía un misterio, aunque recientemente se ha sabido lo que era un secreto a voces, que las motivaciones de su muerte fueron, en verdad, políticas. Con sus películas y comunicaciones a la sociedad, Pasolini se exponía a dar la vida. La inmolación fue completa. Él lo había escrito: "Pero en los desechos del mundo nace / un nuevo mundo".
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