Domingo, 18 de septiembre de 2005
La crisis del libro
BALTASAR PORCEL
La Vanguardia- 18/09/2005
La inmensa amabilidad de los libreros de viejo ha dispuesto mi firma, en una placa, en el monumento al libro situado en paseo de Gràcia-Gran Via, obra de Brossa y Pla Narbona, justo allí donde se ubican las casetas de la feria del libro antiguo y de ocasión. Su apasionante contenido: sorprende en cada barraca la variedad de títulos, los insospechados temas, los autores más conocidos y los insólitos.
Piénsese que el libro novedad pasa por una crisis pavorosa; se publican cada año en España cerca de 70.000 títulos, de los que muchos van a la librería y no caben en ella, aparte de que la gente compra poco, con lo que la mayoría y sin haber sido abierto el paquete en que han llegado son devueltos al editor, quien los quema pues almacenarlos cuesta carísimo. O sea, que en la práctica ha desaparecido el catálogo editorial, los fondos que constituyen el gran acervo de la cultura, los cuales ya sólo pueden hallarse en las bibliotecas, que a su vez son contadas y que tampoco tenemos el hábito de frecuentar. El editor, entonces, edita títulos a granel intentando pescar un best seller que le salve económicamente la temporada, con lo que debe rebajar calidad y contenidos para que el producto atraiga a más gente. En resumen, pasa casi como con los programas de televisión, en que la mucha audiencia suele ser sinónimo de abundante bazofia.
Y es ahí donde aparece el librero de viejo y de ocasión, que ya no consiste en una especie de complemento del librero de la novedad, sino que almacena los fondos ya ausentes del comercio y ofrece toda la increíble y hechizante variedad contenida en el libro publicado en el curso de la historia, alineándose así imprescindible junto al librero atado a la novedad.
Pero conste que hay que aplaudir que el libro se venda mucho, que sea un negocio, pero limitarlo como se está haciendo a mero producto mercantil, y para justificarse atacar el libro de contenido exigente, equivale a suicidarse económica y culturalmente. Philip Roth no es un best seller como Stephen King, pero es la literatura americana, es el futuro, liga con el pasado, mientras King es un patatero, aunque gane fortunas.
El viernes nuestro periódico publicaba una entrevista con el autor brasileño más vendido, y leyendo la miseria de sus respuestas se entiende la catastrófica situación social que postra aquel país. Es como si la literatura en castellano se dirimiera entre los floripondios de Terenci Moix y los tebeos de Pérez Reverte.
Y ojo: la culpa, si es que todo no es azaroso y ciego, reside en la pésima educación nacional, en las aulas y en la calle.
Consumimos pienso e ignoramos la gastronomía.
http://www.lavanguardia.es/web/20050918/51193246571.html
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